Reflexión sobre las vacaciones

Desde que estoy tratando de trabajar de una manera más productiva me estoy dando cuenta de la enorme importancia que el descanso tiene cuando quieres trabajar bien de manera continuada.

Trabajar sin el descanso adecuado puede funcionar durante un tiempo, pero más pronto o más tarde acaba por quemarte o por bajar la calidad de tu trabajo.

Aparte del descanso diario, durmiendo las horas necesarias, siendo capaz de desconectar nuestra cabeza del trabajo cuando ya no estamos en él, dedicándonos a actividades que nos gusten y nos faciliten la desconexión, etc. es necesario tener periodos más largos de descanso en los que por unos días nuestra mente se “resetea” y carga pilas para afrontar nuevos retos en el trabajo.

Para eso están las vacaciones, para ayudarnos esa recarga más potente de energía. La forma en que disfrutamos las vacaciones ha ido cambiando poco a poco a medida que los requisitos de las empresas han ido cambiando y los clientes se han ido haciendo más exigentes. Hace años era habitual que las empresas cerraran todo el mes de agosto y enviaran a todos sus empleados de vacaciones. Hoy es una situación impensable para la gran mayoría.

Las vacaciones de un mes se han convertido también en muchos casos en periodos más cortos de 1, 2 o 3 semanas repartidos a lo largo del año, un modelo sobre el que muchos echan pestes pero que con la evolución actual de los puestos de trabajo y de las comunicaciones tiene cada vez más sentido para muchos perfiles laborales.

Me pongo como ejemplo en este caso: Mi periodo vacacional (del que estoy disfrutando ahora) consta de 3 semanas consecutivas y de una serie de días libres que los que puedo disfrutar libremente a lo largo del año. Combinar  algunos de esos días con algún puente me permite disfrutar de vez en cuando de una semana (o casi) de desconexión fuera del periodo estival, lo cual me ayuda a recargar energías en momentos “atípicos” del año, lo cual no puedo negar que me sienta muy muy bien.

Viéndolo así, si con una semana ya se notan los efectos beneficiosos de la desconexión, podríamos pensar que con tres semanas los efectos serán el triple de buenos, pero no es así: cuando tu trabajo es necesario para que se desarrolle el trabajo de otras personas, llega un punto en el que vas a ser necesario para algo y te van a llamar, o vas a necesitar entrar a tu email como mínimo a despejarlo un poco y evitar pasarte los dos primeros días tras las vacaciones leyendo emails. Y una vez que te llaman o caes en la tentación y entra a tu email tu cabeza reconecta de alguna manera con el trabajo y cuesta traerla de nuevo al disfrute de las vacaciones. A medida que aumenta la cantidad, disminuye la calidad del descanso vacacional.

Creo que teniendo en cuenta la evolución de los puestos de trabajo, cada vez menos mecánicos, más orientados a la gestión y cada vez con mayores responsabilidades, los periodos de vacaciones deberían adaptarse a cada perfil, y cada profesional, ya trabaje por cuenta propia o ajena, debería poder elegir cómo y cuando disfrutar de sus vacaciones para sacarles el mayor partido.

Para mi el tiempo de desconexión ideal es de entre 7 y 10 días. Si desconecto más tiempo luego tengo que sufrir los problemas que me acarrea esa desconexión además de no poder disfrutar a tope los últimos días debido a que mi ausencia prolongada genera problemas en otros compañeros que o bien tienen que contactar conmigo o bien aumentan mi lista de “cosas urgentes que hacer a la vuelta”.

En un artículo de un dominical leí acerca de una empresa en la que los días de vacaciones no estaban siguiera regulados: su cultura en base a objetivos e indicadores estaba ya tan madura que cada empleado tenía libertad para tomarse unos días de descanso cuando lo necesitara siempre que no afectara ni a sus objetivos personales ni a los de la empresa. La empresa no llevaba la cuenta de los días disfrutados, sino de los objetivos conseguidos.

El 99,999% de las empresas no están en un estado tan maduro como para funcionar con un modelo así, pero posiblemente muchas si que podrían funcionar dando libertad a cada empleado para disfrutar de los días de vacaciones que le corresponden con total libertad a lo largo del año. Lo que este modelo exige es simplemente tener empleados responsables y con sentido común que no se tomen vacaciones en periodos críticos ni dejen un departamento vacío por irse todos a la vez, y ese tipo de empleados creo que no es tan escaso como para que sea un modelo difícil de implantar.

Me consta que hay empresas que lo hacen, pero por los contactos que tengo parece que son una minoría, y creo que bien planteado sería un modelo beneficioso para muchas empresas, pues sería beneficioso para sus empleados.

En mi caso, siguiendo con el ejemplo, una semana en abril o mayo para perderme por los Pirineos me deja más preparado para la vuelta que tres semanas en julio o agosto, cuando aun intentando hacer lo mismo que en abril o mayo resulta totalmente imposible por las aglomeraciones, haciendo que lo que se suponía que iba a ser relajante acabe por ser estresante.

Deja un comentario

Deja un comentario